Por la pequeña ventana de la cocina se veía el campo nevado, y los grandes copos de nieve que caían lenta y blandamente, como espesos plumones blancos.

Aviraneta, que estaba empotrado en su sillón y mirando con sus ojos, de un azul brillante, el fuego, se recogió un momento, tomó una gran taza de café muy caliente que le sirvieron, contempló a su auditorio sonriendo y comenzó su relación así:


II.
UN PRESO NUEVO

El despertar que sigue a una primera noche de prisión es una cosa horrible.

Silvio Pellico: Mis prisiones.

Los lectores de folletines y de novelas por entregas, en los cuales hay con frecuencia odios sostenidos y venganzas a largo plazo, como en el Conde de Monte Cristo, suelen discutir si estos sentimientos son o no lógicos y verdaderos. Afirman unos, que la venganza es un instinto natural del hombre, que perdura y no se borra jamás; y dicen otros, que todo se olvida, hasta las mayores ofensas, con el transcurso de los años.

Yo siempre me he inclinado a pensar que la mayoría de la gente llega a perder el recuerdo de los agravios con el tiempo y que no se vengan mas que rara vez.

El caso que les voy a contar demuestra un rencor profundo y sostenido, terminado en una cruel venganza.