Me chocó que el principal de Miguel, y pariente, no fuera ni una vez a visitar al preso. Esto me hizo pensar que entre tío y sobrino no debía reinar la mejor armonía.


IV.
UN ASUNTO EMBROLLADO

En vano más de una vez
se sigue al crimen la huella,
por no preguntar al juez
quién es ella.

Bretón de los Herreros: ¿Quién es ella?

A los dos o tres días se presentó de nuevo en la Cárcel de Corte el inglés Brandon. Había hablado con un paisano de Miguel, León Zapata, dependiente de una ferretería, y éste le había insinuado que Miguel tenía amores con la mujer de su principal. Brandon me dijo que la causa de haberse negado a dejarse registrar Miguel podía ser, como yo creía, el que llevara, cuando estaba en el gabinete de lectura, cartas que hubieran podido poner a su principal sobre la pista.

—¿Quién es ese Zapata?—le pregunté a Brandon.

—Es un petulante, un majadero—me contestó el inglés—. Un joven que se cree el centro del mundo.

Una semana después de esta visita se me presentó el inspector Luna. Luna se había encargado del asunto de Miguel, y quería que yo le orientara. Me pidió que olvidara la parte que él había tomado en mi prisión.

—Ya sé que no ha hecho usted mas que cumplir las órdenes que le han dado—le dije.