—Todo eso es muy raro, amigo Luna.

—Cierto; pero esto de que el joven Rocaforte se haya opuesto a dejarse registrar de una manera tan violenta también es raro.

—Bueno, vamos por partes. ¿Usted le conoce a Miguel?

—Sí.

—¿Qué cree usted, que es un hombre inteligente o un tonto?

—Me inclino a creer que es un hombre inteligente.

—¿Usted supone que un hombre inteligente hace lo que se cree que hizo Miguel en la librería?

—No sé a qué se refiere usted.

—Suponga usted que una persona inteligente robe a otro en las condiciones en que se piensa que Miguel robó a Castelo. Lo lógico es que el ladrón oculte la cartera en un sitio que no sea fácil de encontrar a primera vista, lo ponga en una carpeta o en un libro, o si lo guarda él mismo lo meta en el sombrero o en la faja...; pero no en el bolsillo del pecho, donde todo el mundo lleva el dinero; Miguel se opone a que le registren los bolsillos y, sobre todo, el bolsillo del pecho. Para mí, cada vez que pienso en ello, lo veo más claro; Miguel es absolutamente inocente de ese robo.

—Yo también por instinto lo creo así; pero hay que comprobarlo.