El capitán Escalante sacó una pistola del bolsillo y disparó contra Seisdedos. Alguien pegó un garrotazo a la lámpara, y la habitación quedó a obscuras. Se tiraron las sillas, forcejearon los puntos para apoderarse del dinero que estaba encima de la mesa, se armó un terrible zafarrancho de gritos, palos y tiros, y cuando entró el comisario de policía gritando: «Abran en nombre de la Reina», y pasó a la sala a restablecer el orden, Castelo vió que había perdido todo su dinero.
VI.
SE ECHA TIERRA AL ASUNTO
Cuanto más menospreciado es un hombre, menos freno tiene su lengua.
Séneca: De la constancia del sabio.
¿Usted tiene inconveniente en declarar ante testigos lo que me ha dicho?—preguntó Luna a Chico.
—Ninguno; y Las Heras, Zamora y Soto confirmarán mis palabras.
—¿Querría usted ir pasado mañana a las doce a la Comisaría, donde estoy de guardia?
—Sí, señor.
—¿Vendrían esos señores?