—Bonita novela ha inventado usted.
—No es novela; es la realidad.
—Eso habría que probarlo.
—Se lo probaré a usted cuando guste.
—Vengan las pruebas.
—Que conste, Castelo, que yo he venido en son de paz.
—Basta de palabras. Las pruebas, las pruebas.
—Está bien.
Luna se levantó, se acercó al cuarto próximo y dijo:
—Tengan la bondad de pasar, señores.