A la Paca y a Castelo los tenían los socios como elemento decorativo. La Paca Dávalos, a pesar de ser empresaria, era una jugadora empedernida. Las emociones del juego borraban sus recuerdos. Cuando estaba triste y pensaba en su hija, la idea le producía tal dolor, que se emborrachaba hasta quedar como muerta.
IX.
CHICO Y CASTELO
Se cree, en general, a los hombres más peligrosos de lo que son.
Goethe: Las afinidades electivas.
Pasaron años y más años—dijo Aviraneta—. Yo me había resignado a no llegar a nada, y me contentaba con ser un espectador y un comentador de los sucesos políticos. Casi todos los meses, María Cristina me llamaba a su palacio y me consultaba sobre sus asuntos particulares.
La Reina estuvo siempre muy celosa de Muñoz, y más que las cuestiones políticas le preocupaban las aventuras de su marido. La italiana quería sujetar al antiguo guardia de Corps, a quien había elevado al tálamo real, y muchas de sus actitudes, que parecían maniobras obscuras, no dependían mas que de los celos. La misma marcha a Francia, cuando dejó a España entregada al general Espartero, no fué a causa de un despecho político, sino de los celos que sentía al saber que su marido frecuentaba la casa de una bailarina.
La Reina llegó a las más absurdas precauciones, y, para que su marido no saliera, le preparó en la plaza de Palacio una azotea con persianas verdes para que paseara sin que le vieran. La gente llamaba en chunga a la azotea: la jaula de Muñoz.