—Respecto a los atropellos—dije yo—, no cabe duda que deben ser verdad; pero tanta culpa como él la tienen los jefes del Gobierno, que le han dado órdenes o que le han consentido; respecto a que esté en connivencia con los ladrones, no lo creo.
—Pues parece que es cierto. Es indudable que Chico tiene palacios, criados, una galería de cuadros magnífica; que sostiene mujeres...
—¿Y hay pruebas contra él?
—Sí, hay pruebas.
—Me parece extraño que un hombre listo haya dejado un rastro comprobable de sus fechorías.
—Pues no cabe duda. En este momento se está haciendo un expediente documentado contra Chico.
—¿Y quién lo hace?
—Una persona respetable: el coronel Castelo.
—¿Don Mauricio Castelo?
—El mismo. ¿Le conoce usted?