—¿Y usted qué va a hacer si le llaman, amigo Luna?
—¿A mí? ¿Quién me va a llamar? Nadie me conoce. Soy una sombra, vivo en mi rincón obscuramente, con mi hija y mis nietos, y no tengo personalidad mas que para ellos.
—¿Y si le llamaran, a pesar de eso?
—No diría nada ni en pro ni en contra, don Eugenio.
—¿Nada?
—Nada. Cualquiera se pone a defender a Chico a estas alturas.
Le dejé al inspector Luna con su nietecillo, y le hablé unos días después al general Lersundi y le conté lo que sabía de Castelo y de su hostilidad contra Chico.
—El proceso se ha de ver pronto—me dijo el general—. Allí se aclarará la cuestión.
Días después, Lersundi fué nombrado ministro de la Guerra, y le sustituyó en el Gobierno Civil don Melchor Ordóñez.
Este dispuso la prisión de Chico, que estuvo nueve meses en el Saladero, hasta que vino el sobreseimiento de la causa por falta de pruebas.