II.
MAL PASO
¿Por qué ultraje comenzar; por qué ultraje terminar?
Eurípides: Electra.
Vacilé; pero como había dicho delante de aquellos hombres que conocía a Castelo, entré en la casa que me indicaron. Se me ocurrió que quizá Castelo podría protegerme y darme un salvoconducto para salir de Madrid.
Subí la escalera de la casa hasta el piso principal.
—¿Vive aquí don Mauricio Castelo?
—Sí, señor. Por lo menos, aquí está.
Era aquello un círculo de recreo, una casa de juego. Estaba la puerta abierta y entraban y salían hombres que hablaban a gritos y fumaban grandes puros.
Vacilé de nuevo pensando si no sería una imprudencia el seguir adelante; pero me decidí.
Avancé, cruzando una sala con dos mesas de billar y otras de mármol, hasta una sala de lectura con un armario, en el que se veían varios libros.