—¡Si me hizo! Ya lo creo. Fuí su amiga; pero hoy daría mi vida por devolverle el mal que me ha hecho y arrastrarla al fango donde debía estar. La odio, la odio.
—¿Tanto...?
—Quisiera verla en un estercolero, sobre una estera podrida y devorada por los gusanos.
La Paca dejó pronto su aire reconcentrado y vengativo y recitó estos versos, que habían salido del campo carlista:
Clamaban los liberales
que Cristina no paría,
y ha parido más Muñoces
que liberales había.
—¡Muñoces!—exclamó luego la Paca—. Cualquiera sabe de quién son los hijos de esa zorrona..., cochina.
Castelo intervino en la conversación y habló de lo que se decía en la calle: de que la Reina Madre había tomado parte en todas las contratas y en todos los negocios sucios de España y de Ultramar para hacer la fortuna de los Muñoz.