—Bueno; no tengo prisa. Traiga usted unas aceitunas, y esperaré.
Compré La Iberia y unas hojas del Boletín extraordinario del ejército constitucional, que se vendían en las calles, y estuve haciendo como que leía, pensando en dónde podría ocultarme, o si sería mejor salir inmediatamente de Madrid.
Llegó el almuerzo y comí bien, pensando que quizá la cena se haría esperar.
—Tiene uno buen apetito—me dije—. Eso demuestra que interiormente todavía uno está sereno.
Tomé café y varias copas de coñac y le di al mozo una buena propina, suponiendo que podría necesitarle.
IV.
EL FINAL DE CHICO
Cuando se ha oído decir que tal persona o tal otra es un hombre malo, se cree leer la maldad en su fisonomía, y entonces la ficción se añade a la experiencia para realizar una sensación cuando el interés y la pasión se mezclan. Helvetius cuenta que una dama, contemplando la luna con un telescopio, veía la sombra de dos amantes; un cura que quiso comprobar el hecho le replicó diciendo: No, señora, no; esas sombras son las dos torres de una catedral.
Kant: Antropología.
Estaba dispuesto a salir del café, porque no tenía pretexto para seguir en él, cuando los mozos se asomaron a la puerta y volvieron diciendo: