María creyó que su padre tenía ganas de entrar en conversación con aquel hombre, y, por lo bajo, murmuró:
—Papá.
—¿Que?
—No hables en francés con este hombre.
—Aracil miró a su hija, extrañado, viendo que había comprendido su intención, y luego, dirigiéndose al viejo, le preguntó:
—¿De manera que es usted francés?
—No, señor; soy español, vendo específicos; pero, como he estado mucho tiempo en Argelia, me llaman todos Musiú Roberto del Castillo, o el Musiú.
—Y ¿qué específicos vende usted?
—Todos de mi invención. Tengo un elixir para las tenias.
—Hombre, ¿y de qué se compone?—preguntó Aracil, en tono de chunga.