—Eso demuestra la fuerza de la religión. Cuando vive todavía, a pesar de todas sus mojigangas, es, sin duda, por algo.
Se habían alejado de la ermita y volvieron a ella. Parecía de lejos un gran castillo feudal, lleno de almenas y de torrecillas, en medio de una garganta rodeada de bosques; la claridad de la luna brillaba en el fondo de las enramadas, y el cielo profundo tenía un inusitado esplendor...
Durmieron en el zaguán de la casa del santero. El silencio llegaba del campo, dando esa impresión misteriosa de la Naturaleza, en donde se funden el completo reposo y la vida intensa de los árboles y de las plantas, de los insectos y de los pájaros. En plena noche se oyó el grito siniestro y confidencial de la lechuza, y por la mañana cantaron los ruiseñores...
XXIII.
EN SU BUSCA
Mientras Aracil y su hija dormían en el zaguán de la casa del santero de Nuestra Señora de Chilla, dos personas andaban por Madrid pensando en ellos y preparándose para buscarlos: eran éstas Tom Gray, corresponsal de la Agencia Reuter, y el doctor Iturrioz.
Tom Gray había sido enviado por su Agencia a Madrid para dar cuenta de las fiestas; presenció el estallido de la bomba desde una tribuna próxima al balcón ocupado por el anarquista, auxilió a los heridos, vió a Nilo Brull muerto y estuvo presente en la autopsia. Además, conocía al doctor Aracil y a su hija.
Estaba en posesión de todos los datos necesarios para hacer una información detalladísima, y, efectivamente, la hizo; pero la desaparición de Aracil y de María dió al asunto nuevo interés y produjo una exasperación de su curiosidad periodística.