—Creo que no. Si hubieran tomado el tren estarían en salvo; si estuvieran en salvo, nos hubieran escrito. Además, es lógico que no se atreva uno a lanzarse a la suerte después de haberse salvado los primeros días.
—Y, ¿cómo cree usted que se hayan marchado?
—No sé; si ha habido por medio algún amigo o persona influyente, es posible que hayan ido en automóvil; pero lo dudo, por lo que decía antes. En automóvil, hace tiempo que estarían fuera de España, y nos hubieran escrito para tranquilizarnos.
—¿Usted supone, pues, que no han salido de España?
—Eso es.
—¿Y que han intentado marchar a pie hasta Francia? Me parece absurdo.
—Si han ido a pie o a caballo, yo creo que habrán elegido la marcha hacia Portugal. ¿Por qué lo supongo así? Primero, porque el viaje es más corto; segundo, porque el país es más despoblado; tercero, porque yo he hablado a María de este viaje.
—Entonces, es indudable—dijo Iturrioz—; han ido por ahí.
—De manera que si fueran ciertas las suposiciones de usted, ¿hacia dónde estarían?—preguntó Gray.