Mientrastanto, Venancio y el inglés bajaron en el automóvil a Escalona, y de Escalona se corrieron a Maqueda, desde donde continuaron por la carretera hasta detenerse en Navalmoral de la Mata.
Al día siguiente, Venancio y Gray recorrieron la carretera, sin encontrar pista alguna. La primera carta de Iturrioz no decía nada interesante; en la segunda contaba que había encontrado en La Adrada un hombre apodado el Ninchi, que conocía a los fugitivos. El Ninchi se había brindado a acompañarle, y marchaban los dos a lo largo de la sierra de Gredos, en busca de Aracil y de su hija.
XXIV.
LA SERRANA DE LA VERA
Se despertó Aracil y, viendo que María estaba también despierta, se levantaron ambos y salieron al raso de la ermita. La luz difusa del amanecer iluminaba el campo. Corría un vientecillo frío y sutil. Se dispusieron a aparejar los caballos, y estaban dispuestos a partir, cuando el cura, que se había levantado también, dijo:
—¿Qué, no quieren ustedes ver la ermita?
Aracil iba a pretextar el tener que preparar los caballos; pero su hija le hizo callar con una mirada, y el cura, que notó la intención, dijo:
—Ande usted, que por oír misa y dar cebada, no se pierde la jornada.
Era domingo; el negarse a entrar podría parecer demasiado significativo, y entraron. El cura y el santero les enseñaron la iglesia y el coro.