en la Vera de Plasencia,

salteóme una serrana

blanca, rubia, ojimorena.

Rebozada caperuza

lleva, porque así, cubierta,

su rostro nadie la viese

ni della tuviera señas.

María le dijo que siguiese el romance de la mujer bandolera, y don Álvaro lo recitó completo.

Llegaron, ya entrada la noche, a Losar de Vera. Don Álvaro les condujo a una posada grande, iluminada con luz eléctrica, y en ella se hospedaron los tres.