—¿Es verdad que la abuelita se ha muerto?
—Sí. ¿Quién te lo ha dicho?
—Nadie. Yo lo he comprendido.
—Pues sí, ha muerto.
—¿Y está enterrada?
—Sí.
—¿Como mamá?
—Sí.
—¿Ya me llevarás donde están?
—Bueno.
—¿Es verdad que la abuelita se ha muerto?
—Sí. ¿Quién te lo ha dicho?
—Nadie. Yo lo he comprendido.
—Pues sí, ha muerto.
—¿Y está enterrada?
—Sí.
—¿Como mamá?
—Sí.
—¿Ya me llevarás donde están?
—Bueno.