—Bueno—dijo el Musiú—; ¿qué dan ustedes por callar?

—Usted dirá—contestó María.

—Cincuenta duros.

—¿De dónde los vamos a sacar?

—¿Cuánto llevan ustedes ahí?

—Unos veinte.

—Vengan.

—¿Y si luego nos denuncia usted?

—¡Ca! Si yo también tengo mucho que ocultar; no tengan ustedes cuidado—dijo el Musiú, riendo con risa cínica, que mostraba sus dientes negros.

—Vaya; le daremos a usted cinco duros—dijo Aracil.