—Pero ahora tendrán ustedes que decidirse.

—Yo no sé si en Francia...

—En Francia les expulsan a ustedes.

—¿Usted cree que será mejor ir directamente a Inglaterra?

—Mucho mejor; en Inglaterra vive todo el mundo.

—Pues nos iremos a Inglaterra.

—Yo le diré a mi amigo el minero que se entere cuándo sale un barco de Lisboa, sin tocar en España, y les dejaré una carta para un hotel de Londres.

—Muchísimas gracias.

Tom Gray saludó a María y se fué.

A la semana de estar en el pueblo, María comenzó a entrar en la convalecencia, y a medida que la muchacha mejoraba, su padre iba poniéndose inquieto, nervioso y triste. El menor ruido que oía en la calle le sobresaltaba, y sentía miedo y ganas de llorar por cualquier cosa.