—¿Por qué no?

—¿Qué va a decir la gente?

—Que diga lo que quiera. ¡A mí qué me importa!

—¡No te importa! ¿No te ha de importar? Yo conozco a Venancio y sé cómo es; pero otra persona puede pensar cualquier cosa mala.

—¡Psch! ¡Que piense!

—Es que esa indiferencia no se puede tener en sociedad. No se puede ser así.

—Pues yo no pienso ser de otra manera. Venancio es mi pariente y mi amigo; me da lecciones de cosas que a mí me sirven.

—Sí, y dicen que, mientrastanto, te hace el amor, que se ha enamorado de ti.

—¡Bah! No diga usted tonterías. Venancio es muy bueno y yo le tengo mucho cariño, y a sus hijas también. Y si la gente quiere creer otra cosa, ¡qué le voy a hacer!, no voy a dejar de ver a las personas que quiero, pensando en lo que dicen las que me tienen sin cuidado.