—Lo que no es obstáculo para que usted esté escudriñando siempre—repuso María.
—Es un defecto. Y tú, Aracil, ¿crees que este matrimonio cambiará algo España?
—Según. Si la reina es inteligente...
—Debe serlo—dijo María—. Es inglesa, de una familia donde abunda la gente lista.
—No; es medio alemana—repuso Iturrioz.
—¿Y usted no cree en las alemanas?
—No; en general, la mujer alemana es, poco más o menos, tan espiritual como una ternera.
—¡Estás adulador, chico!—dijo Aracil.
—Es mi opinión. Pero, yo, ya te digo: me alegraría que no pasara nada. Y no sólo para el porvenir, sino para mañana, se anuncian graves acontecimientos. Se dice que han venido dinamiteros.
—¡Fantasías!—murmuró Aracil.