—¿No sabes nada?
—No.
—Pues que han tirado una bomba.
—¿De veras?
—Sí.
—¿Y hay desgracias?
—Muchísimas. El tío Justo ha dicho que dos muertos; pero ahora dicen que hay cinco y una infinidad de heridos.
—¡Qué horror!
Y María dijo esto con esa solemnidad superficial con que se comentan los hechos que no se han visto ni sentido. Luego, de pronto, pensó en su padre y se alarmó: «¿Dónde estaría en aquel momento? ¡Él, que era tan curioso! Quizá habría ido al lugar del atentado.»