—Es verdad. Eso sería lo mejor. Allí estaríamos seguros. Es una idea, una idea magnífica. ¡Nadie puede sospechar de él! Pero, ¿cómo entrar en la Casa de Campo?
—Podemos ir mañana.
—Pero ¿mientrastanto...? ¿Esta noche?
—Podríamos ir... ¿Adónde podríamos ir, Dios mío?
—No sé; no sé.
—¿Adonde van los hombres con las mujeres alegres?
—A Fornos..., a la Bombilla.
—Pues vamos a la Bombilla.
—¿A la Bombilla?
—Sí; precisamente está cerca de la Casa de Campo, y por la mañana podemos ir a ver al guarda.