desde Madrid lo trajeron,
desde Madrid lo trajeron
hasta el mismo camposanto.
Luego, la voz del cantador subió en el aire, como una flecha, hasta llegar a un tono agudísimo, y en este tono cantó el entierro del torero, las coronas que llevaba, las dedicatorias de los compañeros, la tristeza del pueblo, y, al terminar esta parte, la guitarra animó el final con unos cuantos acordes, como para no dejarse entristecer por la muerte del héroe.
Después, el cantador terminó el tango en tono de salmodia, con estas palabras:
Murió por su valentía
aquel valiente torero,
llamado Manuel García
y apodado el Espartero.