—Ahora, que van a pasar aquí una mala temporada.
—Peor la pasaríamos presos—dijo María.
—También es verdad. Yo les llevaría a mi casa; pero hay mujeres, y algunas son blandas de boca.
—En cualquier lado estamos bien—replicó Aracil.
—Bueno, pues aquí se quedan ustedes—contestó el guarda—. Y no hay que apurarse, que para todo hay arreglo en este mundo. Ahora, sí; van ustedes a tener que dormir en el pajar.
—Muy bien—dijeron padre e hija.
—Hay otra cosa; que no podrán ustedes salir de este corralillo en todo el día.
—Nos conformaremos con todo—murmuró Aracil.
—Respecto a la comida, hay que ver cómo nos arreglamos. ¿La señorita sabe guisar algo?