—¿Y si alguno del correo la ve?—preguntó María.
—No van a abrir las cartas.
—¡Fíate! Por si acaso, convendría no firmar. ¿No podrías decir algo a tu amigo que le indicase que eras tú quien le escribías, sin poner tu nombre?
—Sí; pondré esto: «El antiguo compañero del número siete del hotel Médicis.»
—Sí, es lo mejor. También estaría bien ponerlo en un idioma que no lo comprendiesen.
—Fournier sabe el inglés.
—Pues escribiré yo en inglés.
—Sí, es buena idea. Además, le voy a decir que haga unas tarjetas con mi nombre y las deje en cuatro o cinco sitios.
Tradujo María la carta al inglés, la copió Aracil y escribió ella el sobre. El señor Isidro echó la carta, con grandes precauciones, comprando primero el sello, y luego pegándolo él mismo.