»Yo sólo soy rebelde, soy el Rebelde por excelencia. Mi rebeldía no procede de esas concepciones necias y vulgares de los Reclus y de los Kropotkine.

»Yo voy más lejos, más lejos que las ideas.

»Yo estoy por encima de la justicia. Mi plan no es mas que éste: empujar el mundo hacia el caos.

»He realizado mi Gran Obra solo. Quizá no lo crean los imbéciles que suponen que los atentados anarquistas se realizan por complot.

»Sí; he estado solo; solo frente al destino.

»Si hubiese tenido necesidad de un cómplice, no hubiera llegado al fin. En España no hay un hombre con bastante corazón para secundarme a mí. No hay dos como yo. Yo soy un león metido en un corral de gallinas.

»Hubiese escrito con gusto un estudio acerca de la psicología del anarquista de acción, para dedicárselo a la Sociedad de Psicología de París, pasándome en observaciones mías interesantísimas, pero no hay tiempo.

»Durante estos últimos meses tenía la idea vaga de llevar a cabo mi Gran Obra. Cuando me convencí de la necesidad de ejecutarla, mis vacilaciones desaparecieron y viví tranquilo, estudiando el momento y la manera de conducirla al fin.

»Viví tranquilo, y la vida que me escamotearon los demás la viví enérgicamente en el tiempo en que preparaba mi obra.

»¿Se puede comparar la intensidad extraordinaria de mi vida con la existencia ridícula de los sibaritas de la antigua Roma o con la no menos ridícula de los cortesanos de Versalles?