Ya resuelto el desenlace del actor principal del drama, aunque no a satisfacción de la justicia ni del público, los periódicos comenzaron a zaherir y a burlarse de la policía y del Gobierno porque no lograba coger a Aracil.
Algunos aseguraban que el doctor había salido de España en automóvil, en el célebre automóvil rojo del millonario, visto por Iturrioz; otros, que en el tren, disfrazado; pero la mayoría opinaba que el doctor y su hija se hallaban escondidos en Madrid.
En esto, a los cinco días de enviar Aracil la carta a su amigo de París, trajeron los periódicos la siguiente noticia con letras grandes: «El doctor Aracil en París», y a continuación una serie de telegramas.
El doctor había estado en la redacción de El Intransigente a saludar a Rochefort, y en su conversación con uno de los redactores de dicho periódico había dicho que Nilo Brull, sin duda se dirigió a su casa a pedirle protección por ser su amigo. El doctor no podía desampararle ni protegerle, y había optado por abandonarle la casa. Aracil había pasado la frontera en el automóvil de un amigo y se disponía a marchar a América, pero no tenía inconveniente en volver a España, cuando se calmara la efervescencia del momento, para probar su absoluta inocencia. Aracil había estado en casa de los corresponsales de los periódicos madrileños en París, dejando su tarjeta.
La campaña estuvo lo bastante bien hecha para que nadie dudara. Se intentó averiguar quién había salvado al doctor, pero no se puso nada en claro.
Se discutió la cuestión de la extradición de Aracil, y a los cuatro o cinco días los periódicos comenzaron a dar este asunto por terminado.
La Epoca dijo: «Los anarquistas pueden estar satisfechos; han dado la batalla sin pérdidas por su parte».