Tilly fué a buscar al capitán Nogueras y averiguó que Aviraneta estaba viviendo en una casa de huéspedes de la calle de Segovia. Inmediatamente fué a ver al doctor Torrecilla a su casa.
—Me han avisado que usted quiere ver a Aviraneta—le dijo—. Como Aviraneta está hoy perseguido, si usted quiere decirme de qué se trata...
—Se va a perder tiempo—interrumpió el doctor Torrecilla—. Soy amigo de Eugenio, estoy al tanto de sus trabajos y tengo un encargo urgente para él.
—¿No quiere usted que le diga concretamente de qué se trata?
—Sí; vale más que se lo diga usted, porque si no vamos a tardar mucho tiempo en idas y venidas. Se trata de que el conde de Toreno está en Madrid. Yo le he visitado porque está enfermo de tercianas. El conde quiere ver a Aviraneta y hablar con él.
—Bueno, yo se lo diré. ¿Adónde le tengo que traer la contestación; aquí, a su casa?
—Mire usted, yo, por mi profesión, no tengo tiempo disponible. El conde está en una humilde casa de huéspedes del callejón del Gato, número 6, piso segundo; sé hace llamar por su nombre y su primer apellido, José Queipo. Si Aviraneta quiere ir a verle, que vaya; si pone algún inconveniente, usted se presenta al conde y le dice: «Vengo de parte del doctor Torrecilla con este recado de Aviraneta». ¿Estamos?
—Muy bien.
Fué Tilly a la calle de Segovia y se lo encontró a Aviraneta en un quinto piso haciendo listas de afiliados a la Isabelina, de Madrid y de provincias. Le contó lo que había pasado y cómo Toreno quería tener una entrevista con él.