—Vete a casa de don Eugenio y dile que sí.

Unos días después Aviraneta contó a Tilly el resultado de la negociación, que fué negativo.

Aviraneta congregó a sus consejeros, y, al parecer, todos estuvieron contentos en rechazar a Toreno.

Olavarría aseguró que el conde venía de París arruinado por negocios bursátiles y que no traía otro plan que el de buscar un asidero cualquiera.

—Si fuera hombre de fiar—parece que dijo—, él con los elementos con que contamos haría la revolución; pero corremos el peligro de servirle de escabel para alcanzar el ministerio, y que cuando no nos necesite nos pegue un puntapié. Toreno es hombre astuto y nos dominará.

Romero Alpuente afirmó que si se aceptaban los ofrecimientos del conde, él se retiraría de la Junta. Según él, Toreno venía a España, como enviado de Luis Felipe, a embrollar la política española, pues el monarca francés había perdido con Fernando VII el mejor aliado con que contaba, y temía que se realizase en España una revolución radical que hiciese renacer el fuego de las cenizas del republicanismo francés, que acababa por entonces de sofocar en su país.

Flórez Estrada se expresó de idéntica manera. Aviraneta fué el único que dijo que creía que no era prudente rechazar los ofrecimientos de un hombre de tanta importancia. Aviraneta escribió a Torrecilla dándole la negativa. Toreno no la echó en saco roto, y guardó gran rencor a Aviraneta.

El mismo día Toreno salía desterrado para Asturias por orden de Zea Bermúdez.