—Sí.
—Pues bien; por estas listas venimos a ponernos en relación en Cataluña con un fraile, el padre Puch o Puig, a quien le conocen por el nombre del Dominico de Vich. El tal dominico, según parece, goza de gran prestigio, y ha organizado un Directorio Isabelino rapidísimamente en Barcelona. Tiene ya cinco o seis mil hombres afiliados.
—¿Tantos?
—Sí; eso dice. El Directorio barcelonés se muestra lleno de impaciencia, y quiere que se apresure el levantamiento liberal. Ha escrito ya varias comunicaciones, y ayer se recibió una carta cifrada del Directorio, en la que se nos dice que tardamos mucho en Madrid en organizar nuestros trabajos, y que ellos se han puesto al habla con un miembro de la familia real, con un Borbón que se compromete a marchar al frente de los revolucionarios y acabar con los manejos carlistas. Añade el escrito que en el primer correo sale un comisionado del Directorio de Barcelona a ponerse al habla con nosotros. Yo me he quedado asombrado pensando qué persona real puede ser... He leído la carta a los demás y se han quedado en ayunas, como yo.
—¿Nadie ha sospechado nada?—preguntó Tilly sonriendo.
—Nadie. ¿Es que usted sabe algo?
—Sí; creo que Dos también lo sabe. ¿Verdad?
---Sí, también—dijo Mansilla.
—¿Y quién es ese personaje que va a aliarse con los revolucionarios?