—El infante don Francisco.

—¿Está usted seguro?

—Segurísimo.

—¿Pero no es un hombre negado?

—¿Hombre, eso qué importa? Carlos III fué un buen rey, y era un tonto.

-¿Y qué pretende don Francisco?

—Ser el regente. Muchos cristinos lo saben ya, comenzando por Zea Bermúdez, que sospecha la intención.

—Me deja usted asombrado. ¡Qué malos informes tenemos! Es la desdicha de España, de que no se puede hacer nada mas que con carcamales. Si yo hubiera podido hacer solo la Isabelina hubiese hecho otra cosa con gente joven...

—Hemos hecho el Triángulo del Centro—dijo Tilly—, y esto marchará.

—El número Uno y Dos van a dejar pronto atrás al número Tres—replicó Aviraneta.