—Pero no le abandonaremos—replicó Mansilla.
—¿Y a ustedes qué les parece que debía hacer la Isabelina con relación al infante don Francisco?
—Yo, como usted, me pondría de acuerdo con el infante—dijo Tilly.
—Creo lo mismo—agregó Mansilla.
—No va a ser posible—replicó Aviraneta—. Mis gentes no aceptan. Les parecerá un contubernio, y desde el momento que encuentren una palabreja de estas no saldrán de ahí. No discurren. Romero Alpuente dirá unas cuantas frases a estilo de Robespierre, y se acabó...
—Yo intentaría convencerles. Si no se puede, entablaría relaciones subterráneas.
—Lo averiguarán.
—No; usted es bastante inteligente para dorarles la píldora.
—¡Hum! ¡Qué sé yo!