Dos días después volvió Aviraneta a la Casa del Jardín y se encontró solo con Tilly.

—¿Sabe usted algo?—preguntó Aviraneta.

—Que son ellos. Parcent tiene relaciones con los isabelinos de Barcelona. Su secretario, un capitán, De los Ríos, anda reclutando gente.

—¿Qué pretenden?

—La pretensión es muy sencilla, y hasta lógica. Quieren constituír una Regencia Triple con María Cristina, la infanta Luisa Carlota y don Francisco.

—Pero, ¿con qué objeto? ¿Por qué motivo?

—Hombre, motivos hay muchos; pero el principal es que la Reina Cristina está enamorada hasta las cachas de Muñoz. Ya no es una reina ni una señora distinguida, es una mujer desatada, una hembra en celo.

—Yo creí que era un devaneo propio de esta familia de Borbón, que es un tanto rijosa.

—¡Ca! Es una cosa seria... Es el amor de una mujer de treinta años, napolitana y ardiente, que ha estado casada con un hombre viejo, impotente y gotoso.

—Como subraya usted, amigo Uno.