—Eso ha sido todo.

Esta relación dió a Chamizo, a doña Celia y a Gamboa una porción de datos desconocidos. Aviraneta había formado una Sociedad con más de cinco mil asociados en Madrid y con ramificaciones en provincias. Había varios directores y él.

Se hicieron comentarios acerca de la actitud de Aviraneta, temiendo que éste y sus amigos intentasen acercarse a María Cristina para instruírla del insidioso plan de Regencia preconizado por los infantes, plan que a la Reina, probablemente, no podría hacer mucha gracia.

A los tres o cuatro días, Paquito Gamboa dijo a Chamizo que ya se había aclarado el misterio de la Sociedad de Aviraneta. Se llamaba la Confederación de los Isabelinos o Isabelina, y tenía un Directorio formado por Calvo de Rozas, Palafox, Flórez Estrada, Romero Alpuente, Beraza, Juan Olavarría y Aviraneta. Cada uno era jefe de una sección especial. La organización militar no se conocía bien. Se sabía que la fuerza estaba dirigida por el general Palafox y tenía sus legiones y sus centurias. A juzgar por la forma de estar constituída, la Isabelina era una Sociedad carbonaria.

—La cosa es más seria de lo que parece—dijo Gamboa—. El Gobierno sabe la existencia de la Sociedad y la teme. Dos individuos de la Isabelina han ido esta mañana a visitar al ministro don Javier de Burgos, a pactar con él, pero no se han podido poner de acuerdo.

Unos días después, el mismo Gamboa dijo al ex claustrado que le habían dicho que la Isabelina tenía un Comité de acción misterioso que se llamaba la Junta del Triple Sello, formado por un masón, un comunero y un carbonario. Esta Junta era la encargada de las obras secretas, de los asesinatos y de las ejecuciones.


VII.
LOS HILOS DE LA INTRIGA

Unas semanas después estaba Aviraneta en su piso alto de la calle de Segovia, en compañía del capitán Nogueras, cuando se presentó un caballero de unos treinta años, muy bien portado.