—El Dominico de Vich—dijo éste—, es hombre que, como ustedes, ha organizado los elementos avanzados de Cataluña. El Dominico se puso en relación con nosotros, los Europeos Reformados, que constituímos una Venta carbonaria en Barcelona, e hizo que nos asociáramos con él.

—¿Tiene mucho prestigio, al parecer?

—Sí, mucho; tiene el prestigio del hábito y el de haber sido un guerrillero de la guerra de la Independencia.

—¿Ha sido guerrillero?

—Sí.

—¿Y son ustedes muchos afiliados en la Isabelina de Barcelona?

—Muchos. De gente influyente, casi todos los liberales, empezando por el general Llauder. Tenemos tres o cuatro mil hombres en la capital preparados, armados, y otros tantos o más en la provincia.

—Han ido ustedes pronto.

—E iremos lejos, porque nosotros los carbonarios no tenemos el propósito de contentarnos con esta idea ñoña del Gobierno de Isabel II. Iremos a la República.

—Si les sigue alguien. Es querer marchar muy de prisa—replicó Aviraneta.