—Ahora no se le ve a usted—le dijo Chamizo—. ¡Claro, como frecuenta usted los palacios!...

—¿Cómo lo sabe usted?

—Amigo, aquí todo se sabe. Se sabe adónde ha ido usted, con quién ha hablado usted...

Aviraneta quiso enterarse de dónde le había llegado la noticia al ex claustrado, y pronto supuso que de casa de Celia.

Después contó a su modo la entrevista que había tenido con los infantes, y dijo que éstos y los amigos de la Isabelina querían que fuera a todo trance a Barcelona, viaje que no le hacía mayormente mucha gracia.

—¿Por qué no encarga usted la comisión a otro?—le preguntó Chamizo.

—Es imposible; no tengo más remedio que decir como Maquiavelo cuando su República quiso enviarle de comisionado a Roma: «Si yo voy, ¿quién se queda? Si yo me quedo, ¿quién va?»

—Es usted un vanidoso, señor don Eugenio.

—Tiene uno motivos para ello.