—Alteza, todavía, no. Espero sus órdenes.
—Pues es necesario que te apresures, porque urge tu presencia allí.
—Mis preparativos están hechos en veinticuatro horas. Lo único que tardará un poco es el pasaporte.
La infanta me preguntó entonces con una entonación dura y con acento extranjero:
—¿Conoces al conde de Pagcent?
—No tengo el honor de conocerle mas que de nombre.
—Quisiega que tuviegas con él una entgevista. Podgía dagte instgucciones.
—Mis amigos quizá no vieran con buenos ojos que yo me entienda directamente con él. En los partidos políticos hay celos y es necesario andar con mucho cuidado para no excitar la envidia.
—Tienes gazón, tienes gazón. Los datos del conde te los comunicagemos nosotgos. Veo que eges pgudente. Cgeo que llevagás a buen gesultado nuestga empgesa.