—Si no hay fuerza mayor, espero, señora, realizar mis propósitos.
El infante me preguntó si conocía al coronel Obregón.
—Sí; tengo un amigo militar que se llama así y vive en la misma calle donde vive mi hermana, enfrente de su casa.
—¿En qué calle vive tu hermana?
—En la calle del Lobo.
—Pues es ese. Ese Obregón es mi secretario y mi apoderado. Mañana, por la mañana, irá a verte, le entregas esta tarjeta y él te dará el dinero que necesites para el viaje. Yo le hablaré esta noche, cuando venga a tomar la orden. En seguida que llegues a Barcelona, escríbeme. Saludé a los infantes y salí.
—¿Así que mañana va usted a recibir el dinero para el viaje?—preguntó el ex claustrado a Aviraneta.
—Sí.
—¿Y en seguida se va usted?
—Nos vamos, amigo Chamizo. Nos vamos.