—Es que le conocía a usted de antes—contestó Luna.

—¿A mí?

—Sí.

—¿En dónde me ha visto usted? Yo apenas salgo de casa.

—En la antecámara del infante don Francisco, en compañía del señor García Alonso.

—Ahora caigo. Usted es uno de los dos señores que estaban en la antecámara.

—El mismo.

—Y el otro, ¿quién era? ¿El señor viejo, atildado, de pelo blanco?

—El otro era el ministro don Javier de Burgos.