—¿Vigilándole?
—No, no.
—¿Va usted preso?
—No.
—¿Es usted amigo suyo?
—Sí.
—¿Por qué le han trincao? ¿Ha berreao alguno?
Comprendió Chamizo que quería decir si alguno le había denunciado, y dijo que no sabía, y contó rápidamente lo ocurrido. Pensaba que no debía hacerlo, pero el joven aquel tenía un aire de mando que imponía.
Después de escuchar la relación, el joven dijo:
—Ahora va usted a subir a hablar con don Eugenio, ¿estamos?