—Bueno. No hay inconveniente.
—Y le va usted a decir que aquí está Luis y su amigo con sus chavales. ¿Se ha enterao usted?
—Sí.
—Y na más. El dará la consigna.
Subió Chamizo al cuarto de Aviraneta. No estaba Luna, y le dió a don Eugenio el encargo del joven.
—Dígale usted que no hay nada que hacer—contestó Aviraneta.
Bajó y se lo dijo al muchacho.
—Más vale así—contestó él—, porque don Nicolás de Luna es un buen hombre.
—¿Y qué pensaba usted hacer?—preguntó el ex fraile.