II.
EL SECRETO DEL ENVIADO DE BARCELONA

Días después de su llegada, el padre Chamizo fué a casa de Celia; le contó su viaje y la detención de Aviraneta, aunque no le dijo que don Eugenio había vuelto y que estaba escondido en una casa de la calle de Cedaceros.

Como a Aviraneta no le convenía que nadie le visitase, pues por las visitas podían dar con su escondrijo, Chamizo no fué a verle a su nueva casa.

Poco tiempo después tomó las tres mil pesetas que había dejado Aviraneta en la biblioteca del ex claustrado y se las entregó a su hermana. Don Eugenio le escribió una carta dándole las gracias, acusando recibo de la cantidad, y le envió una caja de turrón.

Un día de mucho frío, a fines del mes de enero, Chamizo se encontró a Nogueras en la Puerta del Sol y le detuvo.

—¿Tiene usted prisa?—le preguntó el capitán.

—No.