El ex guardia de Corps Civat, con acento catalán, dijo que no se podían hacer las cosas tan pronto como se querían; que había que tener paciencia y perseverar en todo.

Concluyeron de comer; los dos oficiales jóvenes se fueron por un lado; Nogueras y Civat, por otro, y Chamizo le acompañó a Gamboa un rato.

—Este Nogueras es un pobre iluso—dijo Gamboa.

—El piojo sabio, como le llama Aviraneta.

—Sí; ahora ya cree que ese Civat lo va a resolver todo. Para él Civat es un Robespierre. Lo mismo le pasó con Salvador.

—¿Ya no vive usted con su tío?—le preguntó Chamizo.

—No; ya no vivo con él. A última hora le ha dado por ser celoso. Chifladuras de viejo.

—¿Dónde vive usted?

—En casa de una señora muy simpática, que es algo parienta de mi tío. Esta señora tiene una sobrina joven y tenemos nuestros conciertos; solemos tocar: ella, la guitarra, y yo, la flauta. Vaya usted algún día. Vivo en la calle de San Justo, encima de una cerería que hay frente a la iglesia.