—Yo creo que Celia está esperando a que se muera su marido para casarse con el sobrino—dijo Blanca, con la mala voluntad natural de una mujer para otra—. Es muy lagarta.

—¿Y él cómo es?—preguntó Margarita.

—¿Gamboa? Es un guapo muchacho—dijo Blanca.

—Es un hombre impulsivo... poco inteligente—añadió Tilly.

—Hombre lleno de ideas exageradas sobre la honra—agregó Aviraneta—, enemigo de todo lo extranjero, enemigo de lo irregular, serio, formal, en fin, un tipo vulgar como todo el mundo.

—¿Y le quiere a Celia?

—Sí, le quiere a su manera, a la manera corriente—dijo Blanca Fidalgo, riendo.

—El cree que el amor es el amor—afirmó Tilly—, y no quiere aceptar los tiquis miquis sentimentales de madama Celia.

—¿Es que usted los aceptaría?

—¡Qué sé yo! Según.