Esta muchacha contaba con otros parientes en Madrid, dueños de una cerería de la calle del Sacramento, enfrente de la iglesia de San Justo.

Desde el momento de llegar a Madrid, Pilar se dispuso a luchar contra Celia y decidió arrebatarle a Gamboa. Celia, confiada en su superioridad, no notó al principio la maniobra. Su marido se iba agravando y esto le ocasionaba muchos cuidados.

Celia estaba cada vez más abatida, más llena de preocupaciones.

Gamboa había llegado a sentir por ella despego y cansancio.

Un día, al entrar en el comedor, Celia vió a Gamboa que estaba besando a Pilar. Celia los miró casi sin darse cuenta y no les dijo nada. Pilar y Gamboa contemplaron a Celia como a una intrusa, sin sentirse cohibidos ni avergonzados. Ella llegó en su descaro hasta reírse.

Celia tuvo una explicación con Pilar y le advirtió que tenía que volverse a Burgos.

Pilar accedió, al parecer; pero en vez de marcharse a su pueblo se quedó en la cerería de sus tíos de la calle del Sacramento.

Una semana después Gamboa le indicó a Celia que la policía le andaba buscando y que iba a esconderse en casa del capitán Nogueras.

—Bien; vete—exclamó Celia—. Me quedaré sola.