Don Narciso seguía cada vez más grave. Celia le cuidaba únicamente. Los amigos iban a verla. Un día que fué Margarita Tilly, le dijo Celia:

—¡Tengo un miedo!

—¿Miedo de qué?

—Miedo de todo. No duermo, no tengo ganas de comer.

Don Narciso empeoró y murió. El mismo día Celia recibió una carta de Gamboa diciéndole que todavía no podía salir de su escondrijo. Una semana después Celia supo por Blanca Fidalgo que Gamboa se había casado con Pilar en la iglesia de San Justo.

—¡Es imposible!—exclamó ella.

La cosa no era sólo posible, sino que era cierta. Celia pareció no sentirlo tanto como ella misma lo hubiera pensado. Quince días después de la muerte de su marido, Celia marchó a Cádiz, y de Cádiz, a Nápoles. A los dos meses, desde aquí le escribió una carta a Gamboa recordándole la vida pasada, diciéndole que fuera a reunirse con ella. La carta la recibió Pilar; su marido había ido a la guerra y acababa de morir en la acción de Muez. Pilar le escribió a Celia dándole muchos detalles de la muerte de Gamboa, y al año se volvió a casar. Celia volvió poco después a Madrid y se entregó de lleno a la iglesia.