LIBRO NOVENO
EL MOMENTO TRÁGICO
I.
EL DESPECHO DE AVIRANETA
Algunas mañanas de primavera y de verano, el padre Chamizo solía ir al Retiro a pasear, y se sentaba en un banco a leer un libro, generalmente en griego.
Un día, al entrar por el parterre, se encontró a Aviraneta hablando con una mujer, por su aspecto ya vieja. Aviraneta estaba elegante: vestía levita obscura, chaleco de terciopelo y corbata negra.
El padre Chamizo hizo como que no le veía, y siguió marchando por una avenida; pero poco después se lo encontró de nuevo y se tuvo que parar.
—Amigo don Eugenio—le dijo Chamizo—, parece que nos dedicamos al amor.
—Hombre, no. Esta señora es una antigua patrona mía; además, yo estoy un poco viejo para eso—replicó Aviraneta.
—Todavía, no. Todavía puede usted casarse.