—Por lo menos sería mas cómodo, don Eugenio.
—Sí, más cómodo; pero sería la vileza y el desbarajuste. Porque ustedes también han perdido sus condiciones de mando, convénzanse. Ustedes ya no sirven... Otra cosa: ¿Usted no podría guardarme unos papeles, don Venancio?
—Si usted quiere, sí; pero no creo que mi casa sea un sitio seguro; porque la policía, empezando por el comisario Luna, sabe que somos amigos.
—Es verdad. Tiene usted razón.
Siguieron paseando un rato, hasta que Aviraneta vió a lo lejos que se acercaba Tilly.
—Ahí viene Tilly, a quien he citado.
—¡Ah!, sí; Tilly. Le conozco.
—Tengo que darle un encargo.
Se despidió Chamizo de Aviraneta, y éste se reunió con Tilly.
—¿Qué pasa, don Eugenio?—preguntó Tilly.