—Pasa que el día veinticuatro de este mes vamos a tener jolgorio, iniciado por los isabelinos.
—Eso se dice.
—Todo el mundo lo sabe. Hay un ministerio en proyecto. ¡Hum! Yo me temo que el Gobierno esté enterado y que me van a prender.
—¿Y qué ha pensado usted?
—Como yo no puedo moverme de la casa en donde estoy sin que me acusen de traidor, he pensado poner a buen recaudo algunos papeles. Yo quisiera que usted los guardara, y, si me prenden, yo le indicaré lo que tiene usted que hacer con ellos.
—Muy bien.
—¿No tiene usted inconveniente?
—Ninguno.
—Entonces esta señora, que vive en la calle de Segovia, le entregará mis papeles cuando vaya usted por ellos. He hecho que vengan ustedes aquí los dos para que se conozcan respectivamente. ¿Ya recordará usted la cara de este señor, doña Nacimiento?